La temporada de primavera 2026 pasó a la historia de la moda antes incluso de comenzar: quince diseñadores estrenaron la dirección creativa de sus casas en un reordenamiento sin precedentes desde los años 90. Jonathan Anderson tomó el timón completo de Dior, Matthieu Blazy debutó en Chanel y Proenza Schouler cerró su ciclo neoyorquino para intentar la aventura parisina en Loewe.
La ola de cambios permitió el ascenso de talentos hasta ahora en segunda fila: Dario Vitale en Versace, Miguel Castro Freitas en Mugler y Mark Thomas en Carven, entre otros, pasaron de segundo de abordo a tomar decisiones.
El resultado fue una temporada que mezcló expectación mediática con riesgo creativo real, y que volvió a poner en evidencia que, en la moda, un cambio de director artístico modifica los engranajes de todo el ecosistema: financieros, comunicadores, proveedores y, por supuesto, el vestuario que finalmente llega a las calles.
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Fuente: Vogue ↗



